Pedro Bueno Salto, pintor

Pedro Bueno: textos críticos

Bueno Salto y su caza de brujas
Con el autodidactismo que envuelve la actividad de los noventayochistas se inicia la actividad artística de Pedro Bueno Salto, coruñés, que expone en la Galería José Lorenzo hasta mediados de abril.
Detrás de esta pintura en apariencia silenciosa, acecha un mundo que se presenta llano de voces. Extrae sonidos del silencioso lienzo, porque este gallego tiene predisposición literaria para las creaciones con imaginación: sólo con fantasía se hace uno amigo de lo desconocido. Desde la modernidad, su estilo de pintura no ha perdido contacto con los umbrales primitivos de la naturaleza; la vida moderna para nada le aparta de esa afinidad fecunda con nuestra madre tierra. Al tomar conciencia etnográfica con lo perdido, es cuando la mente del autor se exilia espiritualmente y se refugia al amparo de las tinieblas.
Brumas otoñales, propiciatorias de encuentros maravillosos, envuelven muchos símbolos manejados por este pintor, símbolos que utiliza para crear composiciones equilibradas. Colores tejas, rojizos, con todo su poder erotizante, se ubican en los primeros planos, relegados los fríos azules o grises para los fondos. Ese mal que absorbe con su hechizo a jóvenes doncellas es mejor distanciarlo para crear a su vez efecto de profundidad. Bodegones de flores secas dispuestos al lado de las meigas subrayan, asimismo, su impotencia procreadora.
El humus que nutre la pintura de Bueno Salto son las leyendas, las tradiciones y costumbres del alma gallega. Ha querido entrar en contacto con el ambiente rural de nuestro pueblo, donde se mantiene una rica tradición oral, un riquísimo folklore al que este pintor da un toque lírico. Vestigios del carnaval antiguo, leyendas con milenios de cristalización, han sido más expresivos que un documento escrito y el pintor las plasma en sus lienzos.
En la serie "Aquelarres", puebla el ambiente de diablillos, cotorras, grajos, cuervos y brujas secuestradoras de niños; aparecen caretas que hablan de engaño y tradición; en un plano superior, como aves de rapiña, ejercen su poder las meigas; sonríen junto al macho cabrío, gozosas ante reuniones de amores enloquecidos y deshonestos, donde se intuye el desenlace de esas orgías carnales en las que brincan cuerpos desnudos y se revuelcan sin pudor en la arena. El diablo, entre ellas, oculta su espíritu infernal.
Como en el teatro de Lorca, la mujer ocupa un puesto importante en esta temática como representación de la inocencia o la pasión elemental pura.
Cuerpos en apariencia lozanos se tienden sobre exteriores. La tendencia escapista de Bueno Salto va pareja a un estilo esteticista. Sus desnudos femeninos instauran un culto a la perfección formal. Son cuerpos clásicos, de líneas suaves, que lo vinculan al parnasianismo, pero sin caer en un academicismo. Va mas allá de lo sensible. Las formas encierran, tras su apariencia, significaciones profundas.
Sus viajes a Italia le han permitido incorporar a su técnica mixta, a base de acrílicos, el pan de oro. Es una sustancia que, a la vez que le permite enriquecer su pintura, la engorda e inevitablemente nos traslada, como por un sendero dorado, a desvelar todo el hechizo del ocultismo gallego.
Fátima Otero. Historiadora y periodista